Merece
un paro general
El proyecto
que se debatirá a partir del miércoles en diputados que ya tiene media sanción en el senado es un “logro” al que
aspiraron sin éxito Menem y Cavallo: la redacción del mismo está calcada de la
ley 24028 dictada en el ´91. Sin embargo, los artículos más nefastos de esta ley
fueron volteados por fallos de la propia Corte Suprema en años posteriores
fundamentalmente el “Caso Aquino” que fue (como el famoso fallo Badaro del 82% móvil),
el que oficializó que el trabajador podría apelar a la justicia laboral después
de haber recibido la indemnización de la ART si consideraba que no se había
cumplido con la correspondiente indemnización por su accidente u enfermedad
profesional. El corazón del proyecto está hecho para eliminar
la defensa del trabajador de recurrir a la justicia laboral.
En la
argentina estamos ante una verdadera masacre laboral que viene desarrollándose
desde el menemismo hasta nuestros días ¿De qué estamos hablando exactamente?
Según la Superintendencia de Riesgos de Trabajo hay en promedio 650000
infortunios laborales anuales. A este
dato “oficial” hay que agregarle otro el del 35% proveniente de los accidentes
laborales en el trabajo no registrado lo
que llevaría la cifra a 900000 accidentes anuales. Por si esto fuera poco a
esta cifra hay que agregarle que una
parte importante de las acciones judiciales que se libran en defensa de la
salud del trabajador incluyen las llamadas “enfermedades profesionales” de las
que se estima que la Superintendencia de Riesgos del trabajador sólo reconoce
el 20% de las realmente existentes y que están reconocidas por la propia OIT. Como
se ve, estamos hablando de más de un millón de accidentes anuales cuando los
asegurados en las distintas ART ascienden
a 8 millones de trabajadores.
Bajo
el capitalismo se hace plata hasta de la tragedia. Por eso en materia de las
Art se ha producido una enorme concentración de riqueza en muy
pocas manos. La misma SRT reconoce que en la actualidad quedan 23 ART para los 8 millones de asegurados en 800 000
establecimientos, pero que en la actualidad sólo las 10 primeras contienen el
90 por ciento de los asegurados. Se ha producido una monopolización de ART y la misma va
contra el trabajador. Lo que paga una empresa a la ART es el 5% del salario de un trabajador si este está en
una PYME o en un establecimiento de menos de 50 trabajadores. Cuando crece el
establecimiento vienen los “ofrecimientos” de las grandes ART que hasta ofrecen
un 0,7% de la alícuota salarial por trabajador en una feroz pelea capitalista.
Cuando más baja es la cuota que pagan las empresas a la ART más dura es la ART
con las indemnizaciones que se pagan al obrero lo que abrió en la argentina la
lucha judicial por el verdadero resarcimiento.
El
nuevo proyecto del gobierno pretende obligar a un trabajador accidentado o
enfermo a optar entre Guatemala y guatepeor.
O acepta la tarifa pautada por estos grandes pulpos o va a juicio sin
recibir por lo tanto un solo centavo de indemnización. Todo esto en las peores condiciones
psíquicas pues está impedido de trabajar
y un juicio puede llevar años con lo que resulta que la elección es un crimen. Es la aceptación lisa y llana de lo “que le
den” o un futuro incierto.
Con el nuevo proyecto el trabajador es
extorsionado para no ir a la justicia laboral. Una verdadera aberración
jurídica pues no se puede trasformar por oscuros intereses capitalistas de una relación laboral
en una relación civil. El accidente o la enfermedad profesional siguen siendo
accidentes o enfermedades de trabajo, el patrón sigue siendo patrón y el trabajador sigue siendo un trabajador en
relación de dependencia Los motivos de
fondo para el intento de cambiar la
jurisdicción de los juicios son: 1) dilatar
el cobro de una sentencia, hoy se amontonan centenares de miles de juicio en la
justicia civil 2) los montos civiles son inferiores a los montos de los juicios
laborales 3) se establece un sistema
nuevo para el cálculo de las remuneraciones, tanto de las ART como de los
propios juicios que es llamada RIPTE que prestigiosos laboralistas consideran
una verdadera estafa al trabajador pues las indemnizaciones no tendrán como
base indemnizatoria el mismo ingreso actualizado con los aumentos adicionales y
beneficios que se cobraban al momento de producirse el accidente sino un índice
difuso, trimestral que sólo contempla las remuneraciones sujetas a aportes
previsionales lo que no es poco en un país donde lo no remunerativo es
generalizado. Como se ve todo está hecho para que el trabajador desista de
hacer el juicio.
La
burocracia sindical y los accidentes laborales
Una
parte de la burocracia sindical en
particular la de la CGT Balcarce ha aceptado el nuevo proyecto pues ha vislumbrado
un nuevo negocio. Armar ellos su propia ART que según el mismo decreto
no podrá tener “fines de lucro” como no los tienen los sindicatos con los que
se han enriquecido los burócratas sindicales del país. Pero veamos detenidamente la ART Mutuas, pues
serán un nuevo campo de enfrentamiento contra la burocracia sindical. El
accidente de un obrero colocará al sindicato en la disyuntiva de defender el
interés individual del trabajador o el mismo deberá aceptar las migajas que
regirán las indemnizaciones en el nuevo proyecto. Esto crea desde el vamos la
base de un conflicto pues si un obrero rechaza la indemnización deberá ir a
juicio accionando contra su propio sindicato lo que seguramente le deparará
represalias de la burocracia. Por otro lado ¿quien controlara las alícuotas que
la burocracia de las ART –Mutuas, les cobren a las patronales En los términos de la pelea capitalista que
mencionamos en este artículo.
De solo imaginar que Gerardo Martínez encabece
una ART mutua a cualquier trabajador se le pone la piel de gallina cuando es de
público conocimiento que la UOCRA está en mas alto nivel de accidentes y
muertes laborales en el país por el solo hecho de que la burocracia coimea
directamente a las patronales para
seguir haciendo lo que les plazca con las condiciones d e trabajo de los
obreros.
La
nueva ley de ART debe ser rechazada por el movimiento obrero, como las
tercerizaciones y el conjunto de la precarización laboral debe ser volteada con
la lucha de los trabajadores. La derogación de este proyecto merece largamente
una huelga general hasta su retiro definitivo porque es un golpe estratégico a
las condiciones de trabajo de millones de obreros en la Argentina.

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